Todo lo que ha muerto en mí

  
La melodía en el fondo de esta pequeña casa
ocupa los espacios vacíos que van quedando en mi alma.
Es lo único que desborda mi llanto,
mientras dolorosamente, mi corazón se va agrietando;
de mi lado, te están llevando.

Mi alma está marchita desde antes de florecer
y de alguna manera me acostumbré,
pero tú llegaste a despertarme (ya no sentía).
Durante tanta soledad, fuiste mi única compañía.
Durante tanta desolación, mi única alegría.

El bello anaranjado del cielo
que antes me hacía feliz y esperaba con ansias,
cuando —por las tardes— se escondía el sol tras el cerro,
ya no me cubre con su paz cálida
porque lentamente, al descanso eterno, te estás yendo.

Me perdí de este mundo por la profunda tristeza.
Las noches dejaron de ser eternas en vela
para descansar en sueños imposibles,
donde cada día, de distinta manera,
estás de nuevo conmigo, pero vuelves a irte.

Lloré lágrimas de sangre sobre tu cuerpo sin vida
durante largos años en tan solo un día
y me ahogué en un mar amargo de tranquilidad inerte;
gota a gota, día a día, estoy soñando despierto con verte
solo una vez más como cuando, entre mis brazos, dormías.

Contigo, desde las sobras, tuve mis primeros anhelos
y gracias a tu fuerza, casi todos se cumplieron.
Me haces tanta falta, te extraño tanto,
que cada vez que te encuentro en mis recuerdos,
no puedo evitar romper en llanto.

Me dejaste en buena compañía; nunca fui tan feliz.
Te debo todo, incluso la vida
y espero volver a abrazarte fuerte un día
porque me falta la mitad del alma sin ti.
Pequeña Lassie, eres todo lo que ha muerto en mí…
  
  
Morgan Le Sorcier. 19-01-16