Regina rapiendis

  
En medio de la oscuridad eterna
y este aire carente de vida,
esperamos con nerviosismo
el respiro de la embestida.

Fueron lanzados los dados.
El miedo me estremece.
Después de cada disparo,
otra vida se desvanece.

Solo nos rodea la muerte.
Sostengo con resignación mi ballesta;
la mirada fija al frente,
pensando en nuestra sibila maestra.

Encerrada en fría piedra
por quien la debió proteger.
Oculta por la hiedra
para el sol ensombrecer.

Su cuerpo y alma separados
por la diabólica espada;
cuidadoso plan malvado
que nos quitó su mirada.

Entramos, miramos, buscamos,
y allí está, esperando ser revivida.
Sus dos partes fundamentales hallamos.
Ahora comenzamos la huida.

Vamos a la salida con presteza;
los escoltas no nos notan.
Lanzamos al aire las dos piezas
y, girando en el aire, la vida rebrota.

El miedo se apodera de ellos;
corren despavoridos.
El día se hace en un destello.
Se hace el viento, antes detenido.

Las almas emergen de la profundidad,
ansiosas tras su súbito despertar;
respiran intentando sobrevivir;
el calor del sol las hace sonreír.

Levita, se mueve rápido y libre,
dejando a su paso una estela de vida.
He terminado a aquello que vine;
nuestra tierra fue redimida…


Morgan Le Sorcier. 16-08-12

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