Tierra bella y siniestra I

  
Tierra bella y siniestra,
que atrapas nuestros sueños en tu esencia,
que usas nuestras vidas para dar sentencia muerta;
¿por qué no les muestras?:

como ellos, también somos humanos.
Nuestras vidas se consumen en el tiempo, somos mortales;
hijos del mismo universo, pero no somos iguales.
Nosotros, la daga asesina que empuñan tus manos.

Nos das la felicidad de una sonrisa llena de maldad
cuando nos presentas por completo a la luna,
tu misteriosa esclava cautiva por la eternidad,
que brilla en medio de la oscuridad nocturna.

Levantas nuestros rostros hacia ella;
posesión violenta. Se hace más fácil caminar sobre la realidad,
hipnotizados, sintiendo en el alma las ganas de dañar.
Alucinante luna, alucinante tierra bella…

Como en un ritual de sacrificio,
los tienes frente a ti tendidos, engañados,
mientras el-filo-de-tu-odio airado
pesa cargado de tus ansias de venganza, cual maleficio,
sobre sus fríos corazones malvados.

Plantaste semillas de destrucción en tu vientre;
echaron raíces en nuestras mentes.
Calmas su sed con el dolor que corre en cascada,
tibia y amarga tortura bajo nuestras miradas.

Tierra bella, tierra siniestra,
voy a llorar y destruir hasta que mi espíritu se desvanezca.
Mi voz, mi mente volverán a ti cuando ya no sirva sufrir

y, feliz de mi suerte, aceptaré mi fin:
ser parte de tu gran venganza, ser tu escudo para no verte morir…
 
  
  
   
 
Morgan Le Sorcier. 24-03-10

2 comentarios:

  1. Buenos versos. Creo que aún tendrían más fuerza si no rimaran, ya que has renunciado a la métrica y el ritmo, esas rimas suenan algo artificiosas y le restan fuerza al poema, es mi humilde opinión.

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  2. Hola:

    Sí, tienes razón, este poema no posee estructura en cuanto a su métrica, pero eso tiene que ver con mi forma de entender y ver la poesía.
    Si te fijas, hay poemas que cumplen a cabalidad con la norma, sin embargo, hay otros que, por ejemplo, sin ser verso libre, no tienen simetría en ellos, tampoco regularidad en el número de estrofas, en el número de versos ni en el número de sílabas métricas, simplemente porque aquella estructura pasó a segundo plano versus el contenido de la obra.

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